23/12/09

El silencio del amanecer

Era un día caluroso de mediados de julio, el sol estaba en su cima y una nube de contaminación inundaba y ahogaba a los transeúntes de Granada. El blanco de las casas se confundía con el brillo del sol y los ojos granadinos aprendían a distinguir los diferentes tipos de luz albina. Con esfuerzos encontré la cafetería dónde había estado citada con una periodista que estaba escribiendo un articulo sobre la memoria histórica de la guerra civil española. Me senté delante de ella, era una muchacha joven y entusiasta, tenía el pelo largo, negro como el azabache y muy ondulado, tenía la cara cubierta de lunares y sus ojos verdes esmeraldas desprendían el color de la juventud. Sonreí para mis adentros, era la viva imagen de mi pasado, podía verme reflejada en ella, aunque nunca se lo confesé. Paloma, la chica, pidió un zumo fresco y unas pastas.
-Le agradezco que haya aceptado mi invitación, no tendría que haberse tomado las molestias de llegar hasta aquí con el calor que hace, hubiese podido yo ir a su domicilio sin ningún problema.- me dijo la chica, estaba un tanto nerviosa y se notaba que se sentía culpable por haberme hecho ir hasta allí sabiendo que mi salud no gozaba de su mejor momento.
-Tranquila, no es ninguna molestia, a pesar de mis 93 años todavía soy joven- le contesté, mirándola por encima de mis gafas de alambre dorado. Las dos nos reímos por el comentario y el ambiente se volvió un poco más relajado.
-He traído una grabadora para grabar la conversación, si no le importa- me miró y yo le hice un gesto para que continuara- Bueno, pues...usted dirá, señora Agustina.
Suspiré profundamente, Paloma puso en marcha la grabadora y clavó su mirada en la mía, cerré los ojos un momento y me dejé llevar por los recuerdos que aún conservaba intactos en mi memoria.
Era finales de junio del año 1936, yo había cumplido los veinte años, desde hacia tiempo trabajaba en el campo. En Granada, allí vivía yo. Mi vida se basaba en montar cada mañana a lomos de mi burra Lola y hacer el trayecto desde la cueva donde vivía hasta los campos donde trabajaba. Aquél día fue especialmente caluroso, regresaba de la jornada matutina, Lola caminaba pesadamente y con lentitud y yo me secaba el sudor de la frente con el pañuelo que me cubría la cabeza. Ya cuando estaba a pocos metros de la cueva me encontré en mitad del camino a un hombre tirado en el suelo, llevaba una camisa blanca tan sucia que parecía que estuviera teñida de marrón y un saco de cuero colgaba de sus hombros. Salté precipitadamente de mi burra y me agaché para socorrerle. Tenía los labios completamente secos y agrietados como la tierra granadina en pleno agosto, por eso pensé que se había deshidratado por el calor. Con muchos esfuerzos conseguí subirlo encima de la burra y lo llevé hasta mi hogar. Mi madre se alarmó al ver que había recogido a un vagabundo, aún así lo tumbó en una cama y le puso unos paños húmedos en la frente.
- Si está deshidratado pronto se recuperará, le he puesto unos paños húmedos y cuando se despierte le daremos agua, además el fresco de la cueva le sentará bien- dijo mi madre, exhaló un suspiro y se fue a la cocina.
Tenía razón, poco después el joven se despertó, le llevé agua y bebió del cántaro. Una vez recuperado nos explicó que se llamaba Antonio, tenía 25 años y venía de un largo viaje, había recorrido casi toda Andalucía, estaba escribiendo un cuaderno de viaje que publicaría más tarde, se titulaba: Tradiciones, historias y leyendas del Al-Andalus. A mi padre no le hacía gracia que fuera un trotamundos y Antonio se dio cuenta porque enseguida nos dijo que estaba buscando un trabajo en el campo por aquella zona. En poco tiempo encontró un puesto en un campo de olivares de Granada, con una parte del sueldo pagaba su estancia en la cueva de mi familia y además ayudaba con las labores del hogar. Enseguida mi madre le cogió cariño y lo trató como si fuera un hijo.
Yo admiraba a aquél chico, pero por alguna razón él no se acercaba a mi, no hablaba conmigo, intentaba evitar quedarse a solas en la misma habitación que yo y cuando le dirigía la palabra me apartaba la mirada cómo quién espanta a una mosca. Ese comportamiento suyo me hizo sospechar de él. Hubo una noche en la que yo no podía conciliar el sueño, pensaba en el comportamiento de Antonio, entonces escuché como alguien se levantaba de la cama y cruzaba el umbral de la puerta, sigilosamente me incorporé y salí de la cueva. Al salir noté el aire caliente de la noche de verano, todo estaba sumido en un profundo silencio y la luna iluminaba mágicamente la tierra granadina. Estaba a punto de regresar a casa cuando alguien me chistó, yo miré a mi alrededor, pero no vi a nadie, estaba empezando a ponerme nerviosa, aquella voz me seguía llamando la atención y de repente lo vi, Antonio estaba sentado encima de la cueva, justo al lado de la chimenea. Me hizo un ademán para que fuera con él, me sorprendió mucho. Me senté a su lado, él no dijo nada, los dos nos quedemos mirando los campos que se extendían más abajo.
- Es un lugar armonioso.- dijo él, hizo un suspiro y alzó la vista hacia la luna- Era mi musa- supe que se refería a la luna, la miraba de una forma tan tierna...
Entonces me di cuenta que en su regazo tenía un par de libros y una pluma para escribir.
-Antonio, realmente estas escribiendo un cuaderno de viaje?- le pregunté, se quedó callado y por un momento pensé que no me iba a responder, entonces sonrió, me lo quedé mirando un rato, tenía una capa de misterio que lo cubría entero, sus ojos negros brillaban a la luz de la luna, su pelo era castaño y lo llevaba despeinado, su piel era morena y contrastaba con la camisa blanca, su...Todo él era hermoso. Al fin se decidió a hablar:
-No, vengo huyendo de la gente que me aprisiona...Soy un pobre soñador! En una familia humilde he sido como una desgracia, un hijo escritor!- Se cubrió la cabeza con las manos y siguió ablando- Me fui de casa, que podía hacer sino? Así que empecé a buscar un lugar donde vivir, y me vi en sueños corriendo entre figuras musulmanas, perdido entre callejuelas llenas de leyendas y supe que debía de ir a Granada, pensé que podría cambiar el ritmo, llevar una vida más humana y natural...-suspiró profundamente- Y aquí estoy, mirando a mi antigua musa, mi luna, pero ya no me inspira...Porque sin previo aviso y sin proponérmelo he encontrado una musa aún mejor, pero se que no es bueno tenerla tan cerca, porque cuando me vaya de esta tierra no podré ir a visitarla como hago con la luna cada noche...Así que cada noche subo aquí y pregunto a las estrellas que va a pasar-levantó la cabeza y me miró tiernamente- Que va a pasar si no vuelvo a ver a Agustina?
Hice una pausa, Paloma me miraba expectante.
-Es precioso.-dijo ella emocionada.
Si, eso pensé yo, necia de mi por enamorarme de un hombre que como muchos otros estaba condenado a ser un soñador y todo lo que ello conlleva. Aquella noche nos entreguemos el uno al otro, hasta aquí podría ser la historia más bella que jamás se hubiese contado: un escritor es correspondido por su musa en una noche idílica.
Dos días después estalló la guerra civil española. Antonio estaba muy nervioso y preocupado, yo también lo estaba, nos llegaban noticias del pueblo de que cada día se llevaban personas en un camión hacía el Barranco de Víznar, en el cementerio. Una noche, mientras Antonio me leía una de sus poesías a la luz de la luna escuchemos disparos justo antes del amanecer provenientes del cementerio, me abracé fuertemente a él y cerré los ojos, aquella noche le había tocado entre varias personas a una conocida de la familia, murió por reclamar una mejora salarial en su gremio, era hilandera. Así fueron sucediendo los días, entre lamentos, amor y miedo. Muchas noches me había despertado al tener pesadillas, soñaba que venían a buscar a Antonio y lo subían al camión...
La cara de Paloma había cambiado, ahora me miraba con ansía y con miedo en los ojos.
Era una tarde maravillosa, el cielo estaba cubierto de una luz rojiza que más tarde cobraría su sentido, no se movía el viento y los grillos cantaban con intensidad, claramente una preciosa tarde de verano, era el 18 de Agosto de 1936...18 de agosto.
Mi padre entró precipitadamente en la cueva, agarró por el brazo a Antonio y le dijo que saliera corriendo, rápidamente el chico cogió su bolsa de cuero y se dispuso a salir por la puerta cuando entraron dos hombres de las autoridades nacionales, revolvieron toda la casa, rasgaron las camas, rebuscaron entre los armarios y finalmente registraron la bolsa de cuero. Encontraron todas las obras escritas por Antonio, las novelas, sus ensayos republicanos, poesías, dibujos... Lo apresaron. En ese momento mi mundo se vino abajo, grité como una desesperada, les rogué que no se lo llevaran...Todo fue inútil, antes de subirse al camión pude besarle por última vez y me miró, no dijo nada y lo dijo todo con aquella mirada. Vi como el vehículo subía por la colina, cerré los ojos para solo notar la oscuridad, aún así escuchaba el retumbar nocturno de los camiones que iban carretera arriba hacia el cementerio. Me senté en el lugar donde tantas veces habíamos estado soñando, junto a la chimenea que parecía que salía de las entrañas de la tierra, me sentía terriblemente sola, desdichada, dolorida, atormentada... Vi la luna, seguramente tenía que sentirse como yo, éramos dos musas que perdíamos a nuestro amado. Justo con el primer rayo de sol del amanecer del día 19 de Agosto escuché los tiroteos que venían de la tapia oeste del cementerio municipal. Esas balas perforaron todos mis sentidos, cuando el ruido acabó se quedó todo en silencio, poco después me eché a llorar desconsoladamente.
Antonio fue ejecutado en el cementerio de Granada junto con otros intelectuales, trabajadores, republicanos...Poco después me enteré que aquél mismo día había muerto junto a él Lorca...Jóvenes soñadores...
Paloma estaba al borde de las lágrimas, y yo también.
- Antonio perdió la vida. Ese día tendría que haber ido con él y morir, porque lo que es verdaderamente un sufrimiento es la condena que me a tocado a mi, en todas partes está escrita su historia, y no puedo evitar sentir como me atraviesan las balas en el corazón, perforando mi alma...Hace 73 años que muero en vida.


Paloma publicó en el periódico la historia de Agustina y Antonio íntegramente tal y como la había relatado la mujer. Agustina murió el 8 de diciembre de 2009, la encontraron en su casa acostada en la cama y entre sus brazos reposaba un libro: “Poemas a la mujer que robó la luz a la luna. De Antonio Sánchez ”.

Ester Arroyo Cárdenas
Dedicado a todos aquellos que perdieron la vida o sufrieron en la Guerra Civil Española.

05/06/09

tu mirada

Se elevarán nubes de tormenta
Caerá sobre mí el gran monzón
Podrá apagarse el sol
Se cubrirá el aire de un hielo infinito
Me arrastraré en la oscuridad
Bajaré al infierno y me reiré del diablo
Todo por poder volver a hundirme en tu mirada

13/05/09

la vida..

siento un vacio dentro, casi no me hace falta ni respirar, los pensamientos vagan lentamente dentro de mi , mi mirada se pierde en la nada, las lagrimas estan al borde pero no quieren derramarse otra vez, pensando...que es la vida?La vida..la vida es un recuerdo, del pasado, una brisa, una sonrisa, un segundo, un reflejo, una mirada, melancolia del pasado. La vida..es ahora. La vida,pero,la mayoria de veces son pensamientos, ilusiones, sueños, fantasias, ideas...La vida es todo aquello que recuerdo.me dices que no llore por algo tan efimero, como no voy a llorar sabiendo que no te das cuenta de lo importante que es la vida?

reflexiones de Ester(yo), 13-05-2009

09/02/09

dia frio de invierno


Como en un sueño, un sordo silencio, el mar negro y calmado, la luna confidente observa desde el cielo, no hay palabras, uno apoyado en el otro, las manos entrelazadas, misteriosa calma en la arena, un suspiro contenido, un hechizo caido del cielo, en un dia frio de invierno, que mas da lo que piensen esas voces asesinas, tú alma busca la mía, mi alma se refugia en la tuya, sin palabras, escondidos, error del destino, solo protegiendonos del manto helado de las mentiras, somos nada en el mundo, lo somos todo en el nuestro.

27/01/09

Perdimos los zapatos( segunda parte)


-Me gusta el mar. En las tardes de verano me paso horas y horas nadando, hasta que la yema de los dedos se me arruga tanto que no parecen estar hechos de piel.
Me la quedé mirando un rato, los dos nos quedemos en silencio. Los dos mirábamos de lejos el mar, cada vez estaba más convencido de que Elia no estaba cuerda.
-Vamos a bañarnos!
-Que!?- no me dio tiempo a decir nada más, porque otra vez estábamos corriendo calle abajo, ella no paraba de reír y reír. A mi también me entró la risa, y empecemos a saltar a la vez que caíamos por las calles oscuras de la ciudad.
-No sabes saltar bien!- dijo Elia- Tienes que saltar más alto!! Jajaja más alto! Mira la luna! Si la coges te concedo un deseo!- su cabello parecía acariciar el aire y su aura misteriosa hacia que yo le siguiera el juego. Parecía un personaje extraído de un cuento de hadas.
-Esta bien..Si la cojo esta noche, quiero..Una isla desierta!- se lo dije así, sin pensármelo, dado que era evidente que no podía coger la luna, ni aquella ni ninguna otra noche.
A ella le pareció bien, porque siguió riendo y saltó más alto alzando los brazos hacia arriba intentando coger la luna, parecíamos dos locos en medio de la noche, saltando y cada vez más cerca del mar. Recuerdo vagamente como algunos vecinos se habían asomado a las ventanas de sus habitaciones llamándonos la atención, nosotros nos habíamos reído de ellos. Por un rato paremos de saltar y correr, pero sin perder de vista a la luna, que parecía que nos seguía con picardía, lo que la dama blanca desconocía es que yo la acechaba y esperaba el momento oportuno para cazarla. Elia me cogió de la mano, los dos estábamos sudando, en pleno invierno.
-Creo que e perdido los zapatos- dijo ella. Se miró a los pies y vio sus dedos desnudos en el duro asfalto.
Entonces me quité los míos y los dejé en el suelo, seguíamos caminado y allí se quedaron los zapatos. Andemos durante un rato, en silencio, los dos cogidos de la mano, casi unos desconocidos, estoy seguro de que a ella también le palpitaba el corazón igual que a mi, con fuerza, yo no me acordaba porque estaba allí, ni de donde venia, solo sabía que iba agarrado de su mano hacía el mar, y que estaba dispuesto a coger la luna por ella. Me había vuelto loco? Aquella pregunta estaba de más.
Por fin lleguemos a la playa, la sensación que noté de libertad fue inmensa, mis pies doloridos notaban como la arena húmeda sanaba las partes dañadas. El suelo ya no estaba duro, sino blando y esponjoso, si caía al suelo no me hacia daño, si alguien pensaba que estábamos locos no importaba...porque no había nadie. Nos acerquemos al agua y nos mojemos los pies. Estaba congelada. Podíamos ver nuestros reflejos en el agua, Elia con su vestido lila y el pelo rojo acariciando el agua con sus delgados dedos, parecía el fénix de la libertad, y yo allí, tan normal, con mi cabello oscuro...
-Tu eres el cazador...-dijo Elia sonriendo ligeramente, como si estuviera leyendo mi pensamiento. Mire mi reflejo, y la vi, la luna reflejada delante mío, alargue una mano y mi reflejo tocó la blanca luz, cogí la mano de la chica y la extendí hasta la mía, entonces le di la luna.
Dos locos lunáticos, ahora sabia quien era yo, quien era ella...
Nos apretemos fuerte el uno contra el otro, lo que después paso solo lo sabe la luna.
Han pasado años de aquello, y aún me acuerdo, como abandoné ese mundo estúpido, aquel mundo de obligaciones, pensamientos grises y efímeros; como fue mi último día en la tierra, y como lleguemos Elia y yo a nuestra isla desierta...

26/01/09

Perdimos los zapatos( primera parte)

Aquel, fue nuestro último día en la tierra. Era un sábado por la tarde, salía de mi casa sin prisas y con los últimos rayos de sol reflejándose en los cristales de mis gafas. Llegué a casa de Toni, mi mejor amigo, cuando se habían encendido las primeras farolas, hacía bastante frío. Salté la valla de la casa y entre sin llamar, la puerta no estaba cerrada con llave. Un sonido monótono se penetro en mis oídos, la música a todo volumen, mucha gente, risas y alcohol.
-Eh Víctor!- un chico se acercaba a mi con un vaso en la mano. Era Carlos, un amigo de toda la vida, de esos amigos con los que nunca te discutes, pero tampoco compartes grandes momentos.
-Eh que tal?- le dije con un movimiento de cabeza, no esperé su respuesta y le pregunté- Donde esta Toni?
Carlos arqueo las cejas y soltó una risita burlona.
-Lo he visto hace cinco minutos como se iba con una chica morena hacia el patio de atrás- dijo señalando por encima de su espalda- Supongo que estará ocupado.
Carlos volvió a la fiesta y se puso a bailar con unas chicas. Allí todo el mundo iba y venia, yo estaba en el pasillo con un cubata en la mano, observé a toda aquella gente durante mucho rato, pero me quedé embobado mirando a una chica, no porque ella fuera de una belleza espectacular, ni porque la conociera, sino que bailaba en medio del salón de forma extraña, daba giros sobre si misma y levantaba los brazos como si en cualquier momento fuese a levitar. Era pelirroja, con unos ojos verdes que parecían de ciencia ficción, sonreía de una manera natural, llevaba un vestido de color lila muy corto y con un lazo del mismo color a un lado, sus zapatos parecían de muñeca eran blancos y brillantes, realmente parecía una lunática.
Vio como la observaba y con su gran sonrisa vino caminando hacia mi, yo intenté pasar desapercibido haciendo ver que esperaba a que alguien saliera del baño. Pero ella se puso delante mío y noté como cientos de ojos se clavaban en mi y en aquella chica. Quise que el mundo se parara un minuto para poder saltar de nuevo la valla del jardín y perderme en la oscuridad de la noche, donde nadie me viera con aquella loca.
-Hola!- me saludó enérgicamente y sin dudarlo me plantó un beso en la mejilla derecha. Escuché risitas tontas.- Soy Eleutheria, pero es muy largo el nombre y creo que a la mayoría de gente que conozco nunca se acuerda de cómo me llamo, es un poco triste, así que puedes llamarme Elia, así no se te olvidara! – rió un poco y me miró con impaciencia, como si yo fuese un experimento. Después de ese discurso sobre como llamarla yo estaba un poco aturdido y asustado.
-Ehh...Yo soy Víctor, Víctor a secas..y..esto..discúlpame pero creo que voy a fuera, ya sabes, a tomar aire fresco. – le di la espalda y llegué hasta la puerta, esquivando a muchas parejas que se ocultaban en las sombras. Salí al jardín, solo escuchaba mi respiración y el eco de las voces de adentro.
-Ui que frío hace aquí!
Di un respingo, la chica me había seguido silenciosamente. Estaba allí a mi lado, con su gran sonrisa.
-Ten mi chaqueta y tápate- le dije, me la quité y se la di. Ella se la puso y me dio las gracias.
Estuvimos un rato en el jardín hablando, al final ella me dijo:
-Admiras mucho a Toni verdad?
-Por qué preguntas eso?- le dije, me había dado en el blanco y ella lo sabía.
-Has estado todo este tiempo hablando de él, no me has contado nada sobre ti...Es bueno admirar a alguien por sus virtudes, pero ten cuidado no te descuides de ti- dijo Elia. Esta vez no sonreía pero sus ojos expresaban una emoción contenida.
-Y tu quien eres?- le pregunté.
-Quieres saberlo?
-No tengo nada mejor que hacer- le dije, la verdad no tenia otra cosa que hacer. No pensaba regresar a aquella fiesta ni esperar a que Toni regresara del jardín de atrás con su gran cara de triunfo.
Elia dio una vuelta sobre si misma y me cogió la mano, salió corriendo por toda la calle y yo detrás de ella, de vez en cuando se giraba para comprobar que yo estaba bien. Lleguemos a una calle y nos paremos, los dos jadeábamos de cansancio. Ella señaló el mar.

24/01/09

el mariner de la costa daurada


La mar blava agitada
Al fons una barca
Amb immaculada vela blanca
Que n´arriba a ser la mar de brava!

La mare lluna plena
Crida les seves filles
La nit misteriosa i serena
La llum envadeix les illes.

Màgica nit al oceà
S´escolta un so
Puja la marea
Son les ordres de Posidó.

Les aigües enfurismades
Ballen per la pista blava
Sorgeixen esfereïdores cascades
El mariner no veurà cap més alba

L´home veu una dona hermosa
Amb una veu melodiosa
Porta el cos cobert de petxines
I una llarga cua de pell de sardines

Qui sou vos enmig la mar agitada?
La dona no respongué
Sóc el mariner de la costa daurada
L´home li digué

Un tro toca la vela blanca
Eus aquí mariner, la mort arribada
Ell corré per la humil barca
Li barrà el pas una flamarada

Els seus ulls negres miraren la mar agitada
Un plaer serà morir en els seus braços estimada
D´un bot es llençà a l´aigua gelada
Així morí el mariner de la costa daurada.

ester arroyo cárdenas